La ansiedad no siempre es algo negativo. Aunque tendemos a asociarla con una sensación incómoda, en pequeñas dosis es una respuesta natural y útil que nos prepara para enfrentar situaciones difíciles. Sin embargo, cuando se vuelve persistente o intensa, puede interferir en nuestras actividades diarias y afectar nuestro bienestar.

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una respuesta automática de nuestro cuerpo ante situaciones que percibimos como amenazantes, ya sean reales o imaginarias. Esto incluye una serie de procesos psicológicos, fisiológicos y comportamentales que nos preparan para enfrentar el peligro.

Ejemplos de situaciones que pueden generar ansiedad: un examen, una entrevista de trabajo, hablar en público o, en casos más extremos, presenciar un conflicto o una emergencia.

Es importante recordar que esta respuesta puede variar desde sensaciones leves, como el nerviosismo o las “mariposas en el estómago”, hasta síntomas más severos, como episodios de pánico que pueden llevarnos a evitar ciertas actividades.

Ansiedad y miedo: ¿Cuál es la diferencia?

La ansiedad está relacionada con el miedo, pero no son lo mismo. Mientras el miedo es una respuesta inmediata ante un peligro real, la ansiedad se anticipa a una posible amenaza, generando tensión y comportamientos de evitación. Ambas reacciones pueden ser útiles, pero cuando se dan de forma desproporcionada o continua, es cuando empiezan los problemas.

Ansiedad y rendimiento: La Ley de Yerkes-Dodson

En niveles bajos, la ansiedad puede ser un recurso positivo. Según la Ley de Yerkes-Dodson, hay un punto óptimo de activación que mejora nuestro rendimiento. Un poco de ansiedad nos mantiene alerta y enfocados, ayudándonos a superar desafíos. Sin embargo, cuando la ansiedad sobrepasa ese límite, ocurre lo contrario: nuestro rendimiento disminuye, nos distraemos y nos sentimos abrumados.

Por ejemplo, imagina que estás a punto de dar una presentación importante. Un poco de ansiedad te mantiene alerta, enfocado, y mejora tu rendimiento. Sin embargo, demasiada ansiedad puede hacerte olvidar lo que ibas a decir o te deja paralizado.

Cada persona tiene su propio Nivel Óptimo de Activación (NOA), y es posible entrenar para identificarlo y mantenernos dentro de este margen que favorece nuestro rendimiento.

¿Cuándo es preocupante la ansiedad?

Debemos estar atentos a ciertas señales que indican que la ansiedad ha dejado de ser adaptativa. Es importante buscar ayuda cuando:

  • La ansiedad persiste en el tiempo.
  • Los episodios ocurren de manera frecuente y sin una razón aparente.
  • La ansiedad interfiere con nuestras actividades diarias (sociales, laborales, personales).
  • Sentimos un malestar tan grande que nos impide llevar a cabo tareas cotidianas.

Trastornos relacionados con la ansiedad

En algunos casos, la ansiedad puede desarrollarse hasta convertirse en una condición más grave, como un trastorno de ansiedad. Los trastornos más comunes incluyen:

  • Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG)
  • Crisis de ansiedad
  • Ataques de pánico
  • Crisis de pánico
  • Agorafobia

Síntomas más comunes de la ansiedad

La ansiedad puede manifestarse de distintas maneras. A continuación, se describen los síntomas más habituales:

  • Síntomas psicológicos:

    • Pensamientos excesivamente negativos o catastrofistas.
    • Preocupación constante y miedo anticipado a que aparezcan los síntomas físicos.
    • Dificultad para concentrarse o mantener la atención.
    • Sensación de pérdida de control o desorientación.
    • Miedo a volverse loco/a.
  • Síntomas físicos:

    • Taquicardia o sensación de presión en el pecho.
    • Dificultad para respirar.
    • Tensión muscular o temblores.
    • Sudores fríos o mareos.
    • Problemas de sueño (insomnio o despertares nocturnos).
    • Cambios en el apetito (comer en exceso o falta de hambre).
  • Síntomas comportamentales:

    • Evitación de lugares concurridos o miedo a salir solo/a de casa.
    • Aislamiento social.
    • Comprobaciones constantes para aliviar la sensación de incertidumbre (consultar a amigos, familiares o médicos en exceso).

Tratamiento de la ansiedad

El tratamiento de la ansiedad depende de su gravedad. En casos leves, la psicoterapia suele ser suficiente para aprender a gestionarla. En casos moderados o graves, puede ser necesario el uso de fármacos prescritos por un psiquiatra para reducir el malestar.

Uno de los primeros pasos en el tratamiento es entender qué es la ansiedad y cómo funciona. En la terapia, el psicólogo ayuda a la persona a identificar las causas de su ansiedad, así como los factores que la mantienen. Además, enseña técnicas para gestionar los síntomas, como la exposición progresiva o la desensibilización sistemática.

Tanto la terapia cognitivo-conductual (TCC) como el Mindfulness, han demostrado ser eficaces para el tratamiento de la ansiedad. Su objetivo no es eliminar por completo la ansiedad (recordemos que es un mecanismo natural), sino que la persona aprenda a gestionarla de manera saludable y no tenga miedo a experimentarla.

Cuándo buscar ayuda

Si te identificas con alguno de estos síntomas o conoces a alguien que los experimenta, es importante que busques la ayuda de un profesional. La ansiedad es tratable y con el apoyo adecuado, es posible recuperar el control de tu vida.

Referencias

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